lunes, 16 de febrero de 2009

Cuando fuí bailarina



5:30 pm; salgo corriendo del colegio y llego a mi casa en 15 minutos; me quito el uniforme y me pongo las medias color carne, después el maillot de lycra negro (que está muy frío si es invierno) y encima el chandal azul marino con rayas en los laterales que me compró mi tía en el Corte Inglés. Me siento en el baño mientras me quejo de los tirones que me da mi madre mientras me tensa el moño que sujeta con unas pinzas a modo de alfileres, y remata la operación con un pegote de gomina. Cojo mi sandwich de lo que sea y mis magdalenas rellenas de mermelada y las meto en mi bolsito rojo de goofy, que mi hermano Fran me regala para la ocasión. Salgo corriendo y en 5 minutos estoy en el Conservatorio. Me registran mi pequeño bolso los seguratas de la puerta, donde solo llevo mis zapatillas color carne y las castañuelas de madera maciza.


Aquel sitio tiene un olor especial. Subo apresuradamente las miles de escaleras de piedra y finalmente llego al aula. Dejo las cosas en el vestuario y me calzo las zapatillas de ballet, ¡¡ya me siento bailarina!! Chapurreo un poco el piano antes de que llegue la profesora y me preparo para darlo todo de mi.




Era realmente precioso el conjunto de movimientos que enlazábamos suavemente y casi sin esfuerzo. Las notas del piano nos acompañaban en cada uno de ellos y parecían que entraban por la punta de los dedos de la mano para salir como un relampago por la punta del pie.

Sí. En algún momento fuí bailarina, cuando a pesar de pasar gran parte del tiempo escayolada aún mis articulaciones me lo permitían. Allí mi profesora me descubrió otro fallo para la colección y por si tenía pocos ya, ahora mi hombro caído se unía al resto de huesos "pal arrastre".

Hoy en día solo algún certificado me recuerda que algún día pude bailar, o mejor dicho, aprender a bailar. Aunque nunca lo olvidaré.

De vez en cuando me gusta escuchar "El lago de los cisnes" o "Carros de Fuego" y cierro los ojos y me recuerdo sentada en aquel gigante salón lleno de butacas admirando el delicado baile, aquel del que algún día me sentí protagonista.

No hay comentarios:

Publicar un comentario